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Abelson: “El reto para los Think Tanks es encontrar el equilibrio entre investigación y militancia”

Donald Abelson es uno de los principales expertos mundiales sobre Think Tanks. Es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Western Ontario. Sus trabajos se centran en el papel de los laboratorios de ideas a la hora de asesorar gobiernos y en sus esfuerzos para influir en la opinión pública y sobre los decisores públicos. Es autor de Do Think Tanks Matter? Assessing the Impact of Public Policy Institutes (McGill-Queen’s university Press, 2002) y A Capitol Idea: Think Tanks And US Foreign Policy (McGill-Queen’s university Press, 2006), dos obras de referencia sobre el fenómeno de los think tanks.

 
La complejidad del mundo global (terrorismo, crisis, pobreza…) hace imprescindible actores políticos como los Think Tanks?

La complejidad de estas y otras cuestiones en la esfera internacional tendrían que recordar a los Think Tanks la importancia del papel que pueden tener a la hora de ayudar a los gobiernos a pensar cómo enfocar las políticas públicas. Este es el objetivo inicial de los Think Tanks. Sin embargo, para resolver estas cuestiones, los laboratorios de ideas tienen que producir investigación política relevante de acuerdo con los estándares científicos para desmarcarse de otras organizaciones. Podemos encontrar miles de organizaciones dedicadas al lobbying, al advocacy y a otras actividades afines. Los Think Tanks tendrían que dedicarse a otras funciones.

 

 

El perfil de los investigadores de un Think Tank dista mucho de los profesores universitarios. ¿Por qué?
En gran medida porque los expertos de los Think Tanks y los académicos se integran en diferentes estructuras con diferentes incentivos establecidos. Los investigadores universitarios disponen de incentivos para producir investigaciones revisadas por pares y asegurar la adecuación y promoción. Están más interesados en su prestigio académico que en llegar a los responsables políticos, al público en general y a otros grupos de interés. En cambio, a los investigadores de los Think Tanks se les pide que produzcan trabajos que sean considerados oportunos y relevantes. Para ellos, es una prioridad establecer lazos con los diversos grupos de interés para así ayudar a los responsables políticos a tomar decisiones. Esta no suele ser una preocupación para los académicos.

 
En los trabajos de los Think Tanks, ¿predominan propuestas rigurosas o intereses ideológicos?
Ambas cosas. Todos los laboratorios de ideas disponen al mismo tiempo de una orientación ideológica concreta y un compromiso a largo plazo para generar investigación política. Las posiciones ideológicas de los investigadores de los Think Tanks pueden influir indudablemente en el tipo de investigación producida.

 
Los Think Tanks tienden a convertirse en organizaciones que hacen advocacy. ¿Cómo lo valora?
Todos los Think Tanks se comprometen con algún tipo de militancia ideológica independientemente de su nivel de compromiso con la investigación de políticas públicas. En la medida que compiten en el mercado de las ideas es necesario que utilicen los canales más efectivos para hacer llegar sus ideas a múltiples destinatarios. En otras palabras, tienen que comprometerse con diferentes formas de advocacy. Esto se puede materializar afianzando sus vínculos con los medios de comunicación, aportando información en comités legislativos, valiéndose de su presencia en las redes sociales como Twitter y Facebook, difundiendo sus publicaciones online y realizando actividades como conferencias y seminarios. El principal reto para la mayoría de Think Tanks es poder encontrar el equilibrio entre la investigación política y la militancia ideológica. La investigación proporciona credibilidad y respetabilidad; el advocacy proporciona el acceso que necesitan para comunicar sus visiones al poder.

 
Existen más de 6.000 Think Tanks en el mundo y no se ha encontrado una solución a la crisis global. ¿Qué falla?

El problema no es la falta de investigación sino la competencia de otras presiones a las que han de hacer frente los decisores públicos para implementar soluciones políticas. En síntesis, no es que los Think Tanks hayan fracasado en encontrar soluciones, sino es la falta de habilidad o de voluntad de los responsables políticos para hacer lo que es necesario.

 

Se habla mucho de la influencia en la sombra que ejercen los Think Tanks. ¿Qué hay de cierto en esto?

La influencia es un aspecto muy difícil de medir, y aunque algunos laboratorios de ideas de la autootorguen, la influencia real no se puede documentar. En este sentido, se tiene que distinguir entre policy outputs (lo que los Think Tanks generan) y policy outcomes (su efecto real en la toma de decisiones). Mientras que es indudable que varios Think Tanks ocupan una presencia visible en el panorama político de algunos países, hay que trabajar mucho más para evaluar de manera adecuada como y bajo qué condiciones influencian en la opinión pública y las políticas públicas.

 
En Europa, la politización y la falta de transparencia son características definitorias de los Think Tanks. ¿Cómo se puede revertir esta situación?
Algunas organizaciones como Transparify están intentando poner remedio convenciendo a los Think Tanks que hagan público en la red de manera abierta y completa la información sobre sus fuentes de financiación. Lo hacen mediante un sistema de cualificación que les permite evaluar cual es la predisposición real de los Think Tanks. Es necesario que los Think Tanks sean más transparentes si esperan preservar su credibilidad ante la opinión pública.

 
Francesc Ponsa